Dejar de ver el reloj. Soltarse, consentirse, abrirse. Obtener nuevos conocimientos. Relajarse. Sentir calor, recargar energías. Sencillamente sentirse bien! En todo esto tienen un papel importante tanto el tiempo de estancia, la calidad del hotel y los tratamientos, como la dedicación a la individualidad de cada persona y la fresca cocina. En la Selva Negra, a orillas del lago Costanza y en los Montes Suabos, la naturaleza provee la base para “sentirse bien”: clima curativo, aguas termales que brotan de manantiales,
hierbas aromáticas, heno y productos frescos para la fi na cocina Vital. En especial el paisaje incomparable de la Selva Negra y la calidez del anfitrión contribuyen a ello.

