A 8 o 10 metros de altura el mundo se ve de una manera muy distinta: hay muchos elementos diferentes que vencer, y el camino siempre continúa hacia delante ya sea atravesando cuerdas tambaleantes o barras sobre las que saltar y balancearse.
Por supuesto, la diversión no tarda mucho en aparecer y en algunas situaciones no podrá evitar reírse con ganas de las dificultades de coordinación propias o ajenas.
Una vez asegurado por completo, podrá lanzarse sin miedo a la aventura. El punto final lo pone el flying fox, una tirolina de casi 80 metros de longitud. ¡Sólo volar es más hermoso!

