La ruta del
Rin atraviesa un paraíso vinícola que se extiende desde el lago de Constanza, situado en el sur, hasta el norte, a la altura de Bonn. Los habitantes beben vinos fuertes hechos con la variedad de uva Gutedel, sabrosos caldos extraídos de la variedad Ruländer (actualmente llamada Grauer Burgunder), y en el soleado macizo de Kaiserstuhl (“la silla del emperador”) se saborean aromáticos Weißherbst. La fértil zona del
Palatinado Renano no sólo atrae por las uvas Rivaner, sino también por los aromáticos viduños Morio-Muskat, Kerner y Scheurebe. La variedad Silvaner de Rheinhessen es más que la materia prima para elaborar el vino Leibfrauenmilch: la paleta de vinos blancos abarca desde caldos finos hasta picantes y aromáticos, que también hallará en la vecina región de Nahe.
Entre Landau y Maguncia se cultivan, además, uvas tintas, sobre todo la suave variedad Portugieser, pero también la fuerte Dornfelder. En los suelos volcánicos y pizarrosos del Ahr, situado en la zona más septentrional, predomina incluso la Spätburgunder, que posee matices afrutados.
Sin embargo, como regla general cabe decir que tres cuartas partes de los vinos alemanes son blancos.