No, no debe pedirlo dos veces cuando la exquisita porcelana de Nymphenburg o Ludwigsburgo se deposita sobre la mesa. O cuando, como colofón, se sirve café humeante vertiéndolo lentamente de una jarra de porcelana de Meissen a una taza con la mundialmente conocida cebolla azul dibujada. Mientras se deleita, encontrará una y otra vez la conocida porcelana bone china de
Villeroy & Boch, así como los elegantes adornos de la serie Château o los animados modelos de House & Garden. Como en el Sarre, Rosenthal también se mueve con el tiempo, con artistas como Gianni Versace o Jasper Morrison.
Las cuberterías adecuadas las proporcionan desde hace siglos los plateros alemanes. La tradición continúa viva, ya sea con el diseño Augsburger Faden (plateros de Augsburgo) o el Dresdner Barock de Wilkens en Bremen, la casa más antigua. El diseño Hildesheimer Rose de Widmann o Bodener puede encontrarse en todo el mundo. Formas como Palladio y Epoca representan la sencilla estética moderna.
También las bebidas tienen su estilo en la mesa de la Alemania culinaria. Nunca una cerveza Pils se muestra más orgullosa que en un elegante vaso con forma de tulipán. Y, sobre todo, el vino: los caldos extraídos de las uvas Riesling centellean con destellos verdes en los vasos de cristal tallado acompañando al pescado, mientras que el vino espumoso reluce fresco en las copas de tallo largo.
Las manufacturas de porcelana, las platerías y las fábricas de cristal tienen una destacada tradición en Alemania. Aristocráticos servicios de mesa y cuberterías, antiguamente reservados a los príncipes, adornan en la actualidad las mesas de los restaurantes y los hoteles. La paleta de preciosos platos se enriquece con una gran variedad de finas esculturas. Las afiligranadas bailarinas y arlequines procedentes de los mejores hornos del país son también caros souvenirs, como las rechonchas figuras, llamadas Hummel-Figuren, de la hermana franciscana bávara Maria Innocentia.
En nuestras rutas culinarias se encuentran empresas con grandes nombres. Los visitantes son bienvenidos y se les muestra con mucho gusto la producción. También suele haber un museo con atractivas posibilidades para comprar directamente en la fábrica. En torno a la región de Saalfeld, en Turingia, le atraerá la Ruta de la Porcelana, donde podrá observar y comprar. Esto también es posible en las fábricas situadas en la Ruta del Cristal, que discurre a lo largo de 250 kilómetros atravesando el Parque Nacional de la Selva Bávara y la Selva del Alto Palatinado, el mayor conjunto de montañas boscosas del centro de Europa. Y, al final, siempre le esperará una mesa puesta.