
Spreewald se enriquece por el patrimonio cultural de los sorbos y eslavos con sus costumbres eslavas. Ellos fueron los primeros colonos en esta región y una población de ascendencia eslava Su lengua y cultura se conserva aún hoy y se puede vivir desde muy cerca en numerosas fiestas. En la mayoría de los lugares en Spreewald se habla alemán y sorbio. El encanto de la sencillez y belleza natural es lo que hace a Spreewald tan atractivo. Los manjares se preparan casi exclusivamente con productos de la región. ¿Y quién no conoce los famosos pepinillos de Spreewald? Se deben probar frescos o llevárselos a casa encurtidos en frascos.

Encanto urbano encuentran los visitantes en Cottbus, la segunda ciudad más grande de Brandeburgo. Casas burguesas adornadas lujosamente caracterizan el casco antiguo. El teatro estatal presenta el estilo Jugendstil tardío en su perfección y brilla con escenificaciones exigentes y conciertos. Para los fanáticos de la jardinería es casi un deber visitar la vega del Spree. Aquí se encuentra el parque Branitz del príncipe Pückler con sus pirámides únicas en Europa, una obra maestra de la jardinería alemana del siglo XIX. El príncipe Hermann de Pückler-Muskau comenzó en 1846 con los costosos trabajos y estuvo seguro de que lograría conseguir una naturaleza estética y que ésta se convertiría en su obra maestra. Efectivamente lo logró con éxito. Cuando murió en 1871, fue enterrado en la pirámide del lago de Branitz, tal y como fue su último deseo.

