
El valle del Mosela, entre Coblenza y Tréveris, es un romántico paisaje fluvial, marcado y conocido a nivel mundial por la viticultura. Idílicos lugares vitivinicultores de nombres sonoros, tabernas y lo histórico-cultural se encuentran aquí a cada paso. El río Mosela, con 545 kilómetros de longitud, es el más grande afluente del Rin. El valle fluvial con abundantes curvas y sus escarpadas pendientes con viñedos se puede comparar con un anfiteatro natural limitado por las vides. Pero la naturaleza estuvo primera allí, mucho antes de que turistas de todo el mundo visitaran esta región. El Mosela, francés de nacimiento, corre en buena forma y como achispado en dirección al Rin. Sus curvas ya había encantado a los celtas y romanos, que rápidamente reconocieron su gran talento y plantaron las primeras vides en las pendientes escarpadas sobre el río. Pero eso fue hace 2000 años, entretanto el Mosela ha cambiado. Vino blanco del Mosela es sinónimo de un racial y frutal Riesling.

Los viñedos en la tierra del Mosela hacen honor a su nombre: con 380 metros de altura y 55 % de inclinación, el Calmont de Bremen, es la zona de viñedos más empinada de Europa. Desde su naciente en el sur de los Vosgos, el Mosela serpentea en increíbles meandros hasta su desembocadura junto al Rincón Alemán en Coblenza. El valle fluvial, entre Hunsrück y Eifel explota un grandioso paisaje vinícola, cuya base fue creada por los romanos. Aquí crece especialmente bien el racial-frutal Riesling, gracias al clima templado, casi mediterráneo y sus escarpadas pendientes de pizarra que son verdaderos almacenes del calor. Como una banda se cultivan las vides desde el alto Mosela hasta bien debajo de Coblenza. Detrás de cada meandro del río le espera al visitante otra imagen paisajística con identidad propia. El inigualable paisaje de meandros que se entierran profundamente en la roca del Mosela es un milenario paisaje modificado por el hombre y la más antigua región vinícola de Alemania: aquí vivieron los germanos, se establecieron los celtas y los romanos dejaron monumentos artísticos y conmemorativos. Por último marcaron la cultura de la bebida, como lo muestra la denominación de una copa de vino especial, el romano "Römer". Cada uno de los pequeños pueblos del Mosela organiza sus fiestas del vino y de trajes típicos. Degustaciones de vino en atmósferas de sótanos son componentes infaltables en el Mosela.

