
El río Mosela, con sus 545 kilómetros, es el afluente más grande del Rin y está marcado por un romántico paisaje fluvial, además es conocido mundialmente por su vitivinicultura. Aquí se encuentra a cada paso, idílicos lugares y regiones vinícolas con nombres melodiosos, así como tabernas e historia de la civilización. El valle fluvial tiene muchos meandros y escarpadas pendientes con viñedos que se pueden comparar con un "anfiteatro natural limitado por la vid". El Mosela, natural de Francia, es un excitante río que ya había cautivado a los antiguos romanos y celtas. La ruta del vino de Mosela comienza directamente detrás de la frontera alemana-francesa, en la bonita región viticultora de Perl. El Mosela serpentea a lo largo de más de 250 kilómetros pasando por extraordinarios paisajes naturales y culturales que están especialmente marcadas por la viticultura.

Literalmente detrás de cada meandro, otro paisaje espera al visitante. En muchos lugares, los empinados viñedos son muy impresionantes. Con 380 metros de alto y 55 grados de inclinación, el "Calmont" en Bremm, es considerado como el viñedo más empinado de Europa. Muchos pequeños lugares vitivinicultores y ciudades desde Nennig pasando por Trier, Longuich, Bernkastel-Kues, Traben-Trarbach, Zell, Cochem o Treis-Karden hasta Coblenza, invitan a dar una vuelta por las tiendas y a tomarse un descanso en uno de los restaurantes o en las tabernas Straußwirtschaften, donde se toma el vino nuevo de la casa. El inigualable paisaje de meandros del río Mosela, también es un paisaje cultural que existe desde hace miles de años. Aquí vivieron los germanos, los celtas y los romanos y dejaron una gran variedad de monumentos conmemorativos y culturales que todavía hoy se pueden visitar (en gran variedad). La cultura de la bebida también fue influenciada por los romanos, muestra de ello es el Römer (el romano), una copa de vino especial que se usa hasta ahora.


