
Restos de poblaciones romanas, ruinas de castillos y palacios esperan al visitante en esta ruta. Los interesados pueden seguir los restos de una antigua vitivinícola a través del circuito romano. En Bad Dürkheim se encuentra el tonel de vino más grande del mundo, que podía almacenar 1,7 millones de litros de vino. Este es hoy un restaurante para 650 personas. La fiesta del vino más grande del mundo, el famoso mercado de la salchicha "Wurstmarkt" en Dürkheimer, se realiza anualmente durante el otoño en esta ciudad-balneario. En el día cumbre de la ruta alemana del vino no se permite el tráfico de automóviles en toda la ruta del vino (último domingo de agosto), sólo los excursionistas y los ciclistas pueden movilizarse por esta parcela de la diversión. La ruta alemana del vino no es un tramo para hacer carreras. No sólo porque atraviesa estrechos poblados vinícolas y cruza los viñedos serpenteando por numerosas curvas, sino también porque en cada lugar se puede parar a degustar vino.

En pérgolas abiertas al borde del camino, en tabernas y numerosas bodegas se sirven maravillosas gotas de conocidos lagares. Joyas, muchas veces con más de 1000 años de antigüedad son las pequeñas ciudades y pueblos vinícolas que se ubican en fila uno tras otro como las perlas de un collar, a lo largo de la ruta alemana del vino. Esta ruta lleva a través del mar de vides del Palatinado, en algunos tramos pasa cerca del elevado bosque del Palatinado y en otros se aleja a través de un terreno montuoso. La vitivinicultura determina el paisaje y el ritmo de vida de las personas en esta región, que viven del vino y para el vino. Por senderos y ciclo-vías bien señalizadas se pueden explorar y gozar pueblos vinícolas y viñedos así como castillos y ruinas. La ruta alemana del vino tiene abundantes rincones románticos, atractivos turísticos, museos y escenarios históricos. El visitante debe tomarse tiempo para viajar por la ruta del vino los vitivinicultores esperan con alegría su visita.


