
Vamos a los escenarios donde los cuentos se hacen realidad. Por ejemplo en Trendelburg, donde desde la torre de Rapunzel se tiene una vista maravillosa del extenso bosque Reinhardswald, o al castillo Sababurg, donde el príncipe besa a su Bella Durmiente para despertarla. El Museo de los Molinos en Ebergötzen invita a vivir las siete travesuras más conocidas de Max y Moritz. En la hermosa Schwalm se recuerda a Caperucita Roja y el lobo feroz, en el alto Meißner se ingresa al fabuloso país de la Madre Nieve, y en Hamelin se siente la atracción del Flautista. En Polle se siguen las huellas de Cenicienta. En la ruta alemana de los cuentos de hadas grandes y chicos caminan y fantasean por todas partes. Actividades como los juegos al aire libre, los días de las muñecas, las semanas de los cuentos y un festival se llevan a cabo una tras otra.

En algunos lugares los visitantes son recibidos por los personajes de los cuentos. Banquetes y menús de cuentos de hadas, fiestas en el granero, banquetes principescos y la mesa al más puro estilo medieval invitan a pasar las vacaciones en históricas comilonas. La ruta de los cuentos de hadas ofrece arte e historia, lleva a mágicas ciudades con entramado, castillos encantados y fabulosos palacios, une museos y galerías, invita a conciertos y teatros y enlaza el encanto de las grandes ciudades con el regionalismo. ¿La Bella Durmiente, Caperucita Roja o Hansel y Gretel a quién no le dan ganas de seguir a sus figuras favoritas, las mismas que cuando niños nos hechizaban? Había una vez así comienzan muchos cuentos y lo hago de una vez así se inicia un viaje por la ruta de los cuentos de hadas.


