
La veta de sal enriqueció y convirtió a Lüneburg en la reina hanseática, lo que hasta hoy se aprecia en las fachadas de las casas burguesas. Un nada desdeñable efecto colateral de la riqueza del suelo: la sal da sed por eso en la Edad Media, Lüneburg pertenecía a las ciudades con mayor cantidad de cervecerías. Las salinas en su época dorada generaban ingresos para casi 500 hombres. Era la industria más grande de la Edad Media y fue cerrada en 1980 luego de más de 1000 años de extracción de sal. Si hubiese existido la protección de la naturaleza en la Edad Media, hoy no existirían las landas de Lüneburg. Esto debido a que esta muy cantada y admirada joya del paisaje alemán, que en agosto y setiembre al florecer atrae a cientos de miles de visitantes, se formó gracias a un singular atentado contra la naturaleza. Antes habían aquí voluptuosos bosques.

En la Edad Media los hombres de las salinas necesitaban madera para poder hervir la sal y así limpiarla, hacerla comestible y poder venderla. Para poder satisfacer su necesidad de madera se talaron árboles, esto permitió que la decorativa planta "Erika" se expandiera por el suelo árido, siempre y cuando las ovejas mantuviesen el gras corto. Un tour por la ruta de la sal promete un acercamiento a la naturaleza y la cultura; ya sea en bicicleta, a pie o por tramos en el vapor de ruedas. Aquí se admiran los tesoros a través de un viaje por el pasado y el presente. Aquí el visitante conocerá de dónde viene la sal, para qué la utilizaban y cómo la transportaban.


